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Máster en feminidad. Clase IV: ¿limpias por fuera?
La belleza es tan pasajera como relativa. Un día te ves medio mona y al día siguiente te quieres cortar la cabeza a la altura de los tobillos porque no hay nada que esté por arriba de tus pies que te resulte digno de resaltar. Como no sólo desde la teoría se pueden dar lecciones, allá que nos lanzamos a dar las claves de esta cuarta clase del máster: ¿limpias por fuera?
Podíamos, y podemos, resultar muy maris por ir a hacernos una limpieza de cutis, pero como nosotras somos jóvenes a la par que preparadas, allá que nos plantamos en la delegación del Mercosur de la Macarena. Porque si para ser una persona completa dicen que tienes que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, para nosotras lo fundamental para ser mujer era que nos limpiaran la cara. Qué ilusas somos, con la de bacterias que echa para afuera el alcohol y el sudor que te provoca una buena noche de juerga. Menos bichos que donde fuimos seguro que había porque el panorama era desolador.
Te echan doscientas cremas, te pasan una escobilla (que por supuesto no está desinfectada y que parece la de mi váter), te hacen aspirar vapores y sudar sobre una máscara que habrá tenido puesta antes que tú medio barrio y luego te quitan las impurezas (bonita palabra para referirse a los barrillos). Para rematar, te pasan unos electrodos (!!!) que dicen que cicatriza y sana la piel después de semejante tortura china (en este caso sudamericana, porque las señoras que nos cogieron eran de América del Sur). Mis contaminaciones cutáneas, lo siento, pasaron a mi esposa. Lo peor es que yo no sé quién quiso ser limpia antes que yo..
¿Esto era necesario?
Así que lo único bueno, lo salvable, de la tarde, fue la dulzura del acento de nuestras esteticistas (qué palabra) y los masajes entre máquina y máquina. El riesgo, que te pongas cachonda, aunque eso es prácticamente imposible: con la cara verde, chamuscada, el pelo pringoso y el sudor del vapor -¿balsámico?- en lo más que puedes pensar es en llegar cuanto antes a la cama no para meterte bajo las sábanas, sino bajo el colchón sin que te vea nadie. Porque para presumir hay que sufrir y hay que pasar por un período de incubación que a estas alturas no tengo muy claro yo cuánto les dura a algunas. Nuestro paso por chapa y pintura duró hora y media.
Antes de ir a hacerse una limpieza de cutis hay que cuestionarse a una misma -después de hacer balance sobre el estado de nuestras defensas- sobre si tan necesario es pasar por ese ritual. Un barrillo puede ser símbolo de juventud… como las arrugas son símbolo de experiencia, no te jode. La limpieza por fuera es como la pureza por dentro y como la propia belleza, está condicionada a los ojos del que mira.
Moraleja. Yo sigo creyendo en las frases célebres y más en las que se pronuncian in extremis (dícese con la cara verde, chamuscada, el pelo pringoso…):
- Si hasta ahora no nos ha faltado de comer….
- Si lo sé, no vengo, qué falta nos hará…
¿Dónde están las imperfecciones? (Los ojos del que mira)
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