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Operación cesárea
Dres. Andrew Simm. Darly Mathew. Traducción y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti. Especialista en Medicina Interna.
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La operación cesárea tiene siglos de antigüedad, pero solo recientemente se ha tornado lo suficientemente segura como para que sea solicitada por las embarazadas, aún en ausencia de otras indicaciones. Esto ha generado muchos debates en el ámbito profesional. En abril de 2004, el National Institute of Health and Clinical Excellence (NICE) de Reino Unido dio a conocer una guía de procedimientos.
Historia A diferencia de los primeros años, cuando el útero no se cerraba, la madre y el niño morían y la operación tenía un carácter religioso, actualmente el paciente principal durante el trabajo de parto es el feto y cada vez más la operación cesárea se indica para salvaguardar su salud. Ya en el siglo XIX, el mejoramiento de la técnica disminuyó las muertes materno fetales. Hoy en día, en Inglaterra, el 21% de los partos son por cesárea. Indicaciones Las indicaciones principales son la sospecha de compromiso fetal y la “falta de progresión” durante el trabajo de parto. Clasificación de la urgencia En Reino Unido, además de clasificar la operación como electiva o de emergencia, el Nacional Confidential Enquiry into Patient Outcome and Death (NCEPOD), autorizado por el Royal College of Obstetricians and Gynaecologists (RCOG) y el Royal College of Anaesthetists (RCA) han catalogado su grado de urgencia, resultando de ello 4 categorías: 1) Riesgo de vida inmediato para la madre o el feto. Preparación preparto Consentimiento informado: es adecuado, pero los informes necesarios (por ej., sobre la posible laceración del feto) no siempre pueden ser dados, dependiendo del grado de urgencia que requiere la operación; es apropiado si la madre ha solicitado la intervención pero no lo es en momentos en los que la vida peligra. La madre debe conocer los fundamentos del procedimiento, para lo cual es muy buena ayuda la educación preparto y las lecturas sobre el tema. Antecedentes: es necesario identificar los antecedentes médicos y quirúrgicos importantes para poder hacer las interconsultas apropiadas y decidir sobre el tipo de anestesia junto con la participación de la paciente. Contar con los partes quirúrgicos de cesáreas previas puede ayudar con los problemas quirúrgicos que se presenten. Factores de riesgo de hemorragia (en particular, la placenta previa): deben ser resueltos antes de la cirugía, con la siguientes medidas: • Normalización de la hemoglobina. El balón se coloca en las arterias ilíaca interna o uterina, antes del parto. En el caso de hemorragia posparto, una vez inflado ocluye los vasos sangrantes. Si la hemorragia continúa, se hace la embolización mediante un catéter con balón. Aun si fuera necesaria la histerectomía, pueden reducir la pérdida de sangre, la necesidad de transfusiones y de traslado a UTI. Si el centro asistencial no cuenta con este servicio, es conveniente trasladar a la paciente a otro hospital. Almacenamiento de sangre: la guía NICE no recomienda la determinación del grupo sanguíneo previo y la reserva de suero de mujeres sanas con embarazos normales que van a ser sometidas a la operación cesárea. Cada servicio decidirá su recomendación de acuerdo a sus posibilidades de obtener sangre durante la emergencia. Control final: inmediatamente antes de la cirugía, el obstetra confirma la indicación clínica, revisa si hay indicadores de complicaciones quirúrgicas potenciales y confirma que está todo dispuesto para enfrentar las contingencias asistenciales. Higiene El hecho que una maternidad esté abierta a muchas personas (médicos, enfermeras, estudiantes, pacientes y familiares) no es excusa para una mala higiene. Los cirujanos y neonatólogos deben cambiar sus ropas y se debe limitar el número de estudiantes y otros observadores. Preparación en la sala de parto Posición de la paciente Una inclinación lateral de 15º evita la hipotensión supina y la reducción de la perfusión placentaria. El apoya brazos permite al anestesista tener acceso a las vías intravenosas. Sonda vesical Se deja una sonda vesical colocada en condiciones de asepsia. La anestesia regional predispone a la retención urinaria por lo que no es conveniente retirarla inmediatamente después del parto. Preparación de la piel La asepsia es vital. La herida debe limpiarse con povidoneiodina o clorhexidina, comenzando en el sitio de la incisión y siguiendo hacia fuera. Se dispone el campo quirúrgico y una bolsa recolectora. Técnicas Principios generales • Asepsia Entrada abdominal Se siguen los procedimientos básicos para exponer el útero entrando a la cavidad abdominal a través de la pared, se abre el peritoneo que cubre el útero sobre el que se realiza una incisión y se extraen el bebé y la placenta. Con el cierre del músculo uterino seguido del cierre de la pared abdominal se logra una hemostasia adecuada. Se han usado varias incisiones abdominales, siendo las más utilizadas las incisiones verticales (mediana y paramediana) y las incisiones transversales (Pfannenstiel, Maylard, Cherney, Joel-Cohen). Incisiones verticales Las desventajas de una incisión vertical son el mayor riesgo de dehiscencia posoperatoria de la herida y el desarrollo de eventración. Estéticamente, la cicatriz es peor que la que dejan otras incisiones. Mediana subumbilical: es la que permite la entrada más rápida en el abdomen con menos sangrado, por ser una zona poco vascularizada. En caso de necesidad, esta incisión puede ser extendida hacia arriba y ser utilizada para el parto por cesárea con anestesia local . Paramediana: según se informa, la incisión paramediana es más fuerte que la cicatriz mediana , pero no tiene ninguna ventaja estética y no es rápida, por lo que ha caído en desuso. Incisiones transversales Son adecuadas para la mayoría de los partos por cesárea. Tienen ventajas estéticas sobre las otras incisiones y un riesgo quirúrgico mínimo de dehiscencia posoperatoria. Comúnmente requiere más disección abdominal, por lo que la pérdida de sangre puede ser mayor. Es difícil de realizar bajo anestesia local. Operación de Pfannenstiel: esta operación fue descrita en 1900. Se realiza a unos 2,5-3 cm por encima de la sínfisis pubiana; la incisión de la piel, de unos 15 cm de longitud, se hace transversal baja con una ligera curva hacia arriba, siguiendo el pliegue natural de la piel. Una vez atravesada la piel, se continúa la incisión en el tejido subcutáneo hasta la vaina del recto, en la cual se hace una pequeña incisión hacia uno u otro lado de la línea media. Una vez expuesta la aponeurosis, se incide transversalmente con una tijera curva de Mayo. En la técnica estándar, los bordes superior e inferior se pinzan con una pinza dentada (por ej., Kocher) y se elevan. Bajo tensión continua, se separa la vaina del músculo subyacente mediante disección roma y cortante. Una vez liberadas las aponeurosis superior e inferior y suturados o electrocoagulados los vasos perforantes, se separan los músculos rectos en la línea media mediante disección digital. Si los músculos están adheridos, es necesario disecar con instrumento cortante y ampliar la entrada inicial con tijeras, exponiendo el contenido intraperitoneal. Cuando la exposición es limitada y se requiere mayor espacio se puede recurrir a varias modificaciones: Procedimiento de Maylard: los músculos rectos abdominales se seccionan para permitir una acceso más amplio, pero puede provocar mayor daño tisular. Después de incidir la piel, se abren el tejido subcutáneo y la vaina del recto a pocos centímetros de la línea media. La incisión de la vaina del recto puede extenderse hacia los lados mediante una disección digital roma o empujando suave y lateralmente con la punta de la tijera abierta, profundamente hasta el tejido subcutáneo. Los músculos rectos se separan mediante tracción digital. Si fuera necesario hacer una entrada transversal con rapidez extrema, la vaina del recto puede incidirse en la línea media y cortar rápidamente la vaina y el tejido subcutáneo por disección digital roma. Stark utilizó esta incisión para el parto por cesárea, junto con el cierre simple en un solo plano del útero exteriorizado, sin cierre del peritoneo. Ventajas de las técnicas quirúrgicas para la entrada abdominal • Menor duración del tiempo quirúrgico Cicatrices: Puede usarse una cicatriz anterior siempre que haya cicatrizado satisfactoriamente. Las cicatrices retraídas o hipertróficas deben ser extirpadas. Incisión uterina La incisión de la piel no indica el tipo de incisión uterina utilizada. Incisión de Kerr: se emplea la incisión transversal uterina del segmento inferior porque causa menos hemorragia y se asocia con menos incidencia de ruptura en los embarazos futuros. Para abrir el útero se utiliza otro bisturí, aunque no es necesario. Antes de la incisión, se debe tratar de corregir la dextro rotación del útero con la ayuda del asistente quirúrgico para estabilizar, en lo posible, la posición del feto. Parto del feto Los procesos implicados en el parto vaginal son igualmente importantes en el parto por cesárea. La flexión de la cabeza en presentación cefálica y la rotación de la posición occipitotransversa reducen el riesgo de extensiones uterinas. Los fórceps pueden ayudar al parto si la cabeza es grande; también se considera que la ventosa tipo Kiwi es un instrumento apropiado. Para la presentación de nalgas se utilizan las mismas maniobras que para el parto vaginal, teniendo la precaución de evitar presionar sobre los tejidos blandos y hacer tracciones indebidas. Para la posición transversa se puede hacer la versión podálica externa o interna; no se puede poner demasiado énfasis en la importancia de mantener intactas las membranas mientras sea posible. Laceraciones con el bisturí: su incidencia es del 0,7 al 1,9%; deben evitarse mediante el uso cuidadoso del instrumento. Son más frecuentes en presencia de ruptura de membranas u oligohidramnios. El segmento inferior puede ser muy delgado, en particular en el trabajo de parto avanzado. Pinzamiento tardío del cordón: cada vez hay más interés en postergar el pinzamiento del cordón para reducir el riesgo de anemia neonatal, pero aun falta más evidencia. Evitar elevar el bebé por arriba de la mesa de operaciones (porque favorece el retorno de la sangre del cordón a la placenta) hasta que el cordón sea pinzado; exprimir la sangre del cordón en el sentido del bebé y aplicar una segunda pinza. Parto de la placenta Para reducir la pérdida de sangre, se inyectan 5 UI de oxitocina intravenosa, en forma lenta. En vez de realizar la extracción manual de la placenta se debe hacer una tracción controlada del cordón, para reducir el riesgo de endometritis. El fórceps de Green-Armitage permite controlar la hemorragia profusa de los bordes uterinos. No se debería ejercer demasiada fuerza ya que durante la cesárea puede producirse la inversión del útero. Mediante la exploración digital se controla si se ha expulsado totalmente la placenta de la cavidad uterina. No hisopar la cavidad en forma agresiva porque puede causar la disrupción de la decidua. Es difícil proteger al tejido placentario retenido luego de la operación cesárea. Antes de cerrar el útero, el lecho placentario debe estar seco. Cierre Incisión uterina: en general, el útero se cierra en dos capas usando una sutura sintética absorbible. Existe cierta evidencia de que el cierre en un solo plano es igualmente efectivo sin morbilidad adicional, con la ventaja de acortar el tiempo operatorio y disminuir el uso de material de sutura. Una parte del estudio CAESAR comparó al azar los cierres en uno o dos planos. NICE recomienda el cierre simple solo en el contexto de dicho estudio. Es posible que algo de decidua quede incluida en la herida. La guía de NICE recomienda que el útero permanezca intraperitoneal durante el cierre, aunque puede ser exteriorizado si se producen extensiones de los ángulos; esto permite una mejor visualización de la extensión del trauma, la cual puede llegar hasta el ligamento ancho. La incisión clásica requiere el cierre en tres planos debido a su grosor y vascularidad. Inicialmente, se hacen suturas continuas interrumpidas seguidas del cierre del miometrio. El tercer plano cierra el miometrio restante y la serosa antes de ajustar las suturas continuas. Peritoneo: la evidencia indica que no es necesario el cierre del peritoneo ya que a las 48-72 horas se produce la reparación espontánea del mismo. La falta de cierre permite: • Acortar el tiempo quirúrgico El cierre del peritoneo puede aumentar el riesgo de formación de adherencias. Se recomienda asegurar el control de la hemostasia en los bordes peritoneales. Si existen dudas, se debe proceder al cierre. No se han evaluado los efectos a largo plazo. Cierre de la vaina del recto y de la aponeurosis subcutánea: la vaina del recto se cierra con una sutura sintética, que puede ser absorbible o no absorbible. La aponeurosis subcutánea no necesita cerrarse a menos que haya más de 2 cm de tejido. Luego debe ser aproximada usando puntos interrumpidos flojos para cerrar el espacio muerto. El uso de drenaje depende de la preferencia del operador (NICE no recomienda el uso sistemático de drenajes superficiales). El drenaje debe quitarse luego de 24 horas, cuando ya el líquido tiene aspecto seroso. Cierre de la piel: no existe buena evidencia de que una forma de cierre sea mejor que la otra, más bien depende de la preferencia del cirujano o la paciente. Las grampas tienen la ventaja de ser más rápidas de colocar pero son menos estéticas. Dificultades intraoperatorias y complicaciones de la operación cesárea Dificultades • Poca exposición debido al tamaño inadecuado de la incisión: la incisión debe tener aproximadamente 15 cm. Complicaciones Hemorragia: puede estar relacionada con la atonía o el trauma. Muchos servicios de obstetricia utilizan una infusión de oxitocina luego del parto por cesárea para reducir la incidencia de atonía. Controlar si se ha producido la extensión de los ángulos del útero o un hematoma en el ligamento ancho. El útero puede ser liberado de la cavidad peritoneal para ayudar a la exposición. Tónicos uterinos: ergometrina, carboprost, misoprostol. El taponamiento con balón (por ej. De Bakri) funciona principalmente comprimiendo el lecho de la placenta y debe aplicarse junto con un tónico uterino. Procedimientos quirúrgicos que ayudan a controlar la hemorragia: • Sutura compresiva del útero de B-Lynch Puede ser de utilidad la radiología intervencionista pero es difícil que haya personal entrenado en el momento de la emergencia. Es muy importante estar en comunicación con el transfusionista. Lesión de la vejiga: su incidencia es de 0,1% pero aumenta si ha habido una operación cesárea previa. Se repara con suturas de ácido poliglicólico. Su integridad se prueba instilando una fórmula con leche o azul de metileno. Se dejará una sonda de Foley durante 7 a 10 días. Las secuelas son raras. El urólogo debe descartar la lesión del trígono. Lesión del uréter: su incidencia es de 0,03%. Se produce por la extensión de los ángulos de la incisión uterina causando hemorragia grave. Se requiere la participación del urólogo. Complicaciones posoperatorias Hemorragia: suele producirse en el posoperatorio precoz por atonía. Requiere transfusión, evacuación de los coágulos del útero y el cuello y la administración de uterotónicos. La hemorragia tardía se asocia con endometritis y requiere antibióticos de amplio espectro. La posibilidad de retención de tejido placentario es muy baja por lo que deberá evitarse la exploración uterina en presencia de una cicatriz. La evaluación ecográfica del útero no es de gran ayuda al comienzo del puerperio pues puede confundirse un coágulo con tejido placentario retenido. Tromboembolismo venoso: la profilaxis posquirúrgica es importante. Se usan medias elásticas y heparina de bajo peso molecular. La duración de la profilaxis depende de los factores de riesgo y la dosis, del peso de la paciente. Referencias Cox C, Grady K, Howell C. Managing obstetric emergencies and trauma. In: The MOET course manual, 2nd edn. London: RCOG Press, 2007. |
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